Esa noche llegué temprano a su casa, ella abrió la puerta recibiéndome con una sonrisa, yo la salude con el peculiar y ya acostumbrado beso en la frente; el olor a óleo invadía su taller y la casa entera. Ella; protegida por su mandil azulino, con las manos manchadas y con el cabello recogido aun empuñaba el pincel con el que liaba esa pictórica batalla con el lienzo y de seguro con ella misma cada vez que se disponía a pintar. En la mesa lo usual: las paletas, los chisguetes de pintura, los recipientes, el cenicero, una pavita aun fumable y esa caja de vino que siempre encontraba a medias junto al vaso. Ella contemplaba su lienzo buscando respuestas, imágenes, con esa sensación extraña; esa inquietud que la obra siembra en ti, que no te permite dejarla, que te atrae hacia ella nuevamente, que no te deja poner el punto final. Yo me sentía ajeno a ese espacio y a ese momento, habían en mi sentimientos encontrados con el hecho de llegar a su casa cuando estaba pintando y es que sentía que invadía un momento de intimidad, de trabajo, de exploración interna y externa, un momento en el que solo ella y el lienzo debían estar frente a frente; ella armada con su pincel como dije antes y el lienzo armado inocente y letal a la vez del arma más poderosa: su espacio en blanco que la retaba a ella a plasmar en el todo lo que se paseaba por su mente su alma y su corazón. Es por esto que también era fascinante verla trabajar, pausar adrede la conversación para que ella escape por instantes y olvidase mi presencia volviendo a su pintura mientras yo veía en su rostro esa expresión; mezcla de atención, incertidumbre, análisis, calculo, fascinación, atracción y hasta nervios diría yo. Me senté para encender un cigarrillo y empezamos a conversar como siempre: contándonos como habíamos pasado el día, que habíamos hecho ayer, que habíamos almorzado y uno que otro tema de relativa importancia. Al rato ella colocó su pincel en remojo y dejo de contemplar su lienzo mientras se quitaba el mandil; es decir que por esa noche era hora de dejar el trabajo, entonces como si saliera de un trance hipnótico con las imágenes, con los colores y con ella misma su expresión cambiaba: algo en sus cejas y sus ojos, algo en su ceño y sus labios, yo nunca le decía nada solo sonreía y me acercaba a darle un beso.
Ya con las manos limpias y con el cabello suelto me llevó a su cocina atravesando los cuartos no sin antes servirme una copa mientras me contaba entusiasmada con que delicias iba a engreír mis papilas gustativas esa noche. Yo no podía pedir más, me encanta cocinar y estoy acostumbrado a comer maravillosamente gracias a mi madre; a ella le encantaba cocinar y tenía una sazón “de los dioses”, siempre hablábamos que de no ser artista sería feliz teniendo un restaurante , yo le decía que de hecho la rompería no solo por su buena mano para cocinar sino por su esmerado gusto por atender al comensal que tenia la suerte de caer en su territorio; esa era su forma de engreír, de regalar, hasta de amar diría yo…los aromas empezaban a invadir mis sentidos y yo me relamía apetitoso viendo esa olla humeante de espaguetis con champiñones. Un disco de Caetano Veloso sonaba y estoy loco por ti América era la canción perfecta para un momento perfecto en el que yo estaba loco por comer y loco por ella también.
La noche hasta ese momento seguía su agradable curso, estábamos a punto de cenar, luego refrescaríamos nuestro paladar con una copa de vino, veríamos una película y dormiríamos juntos brindándonos el calor que requeríamos en esa fría noche de invierno. Apagamos la luz y nos pusimos cómodos mientras encendíamos un tronchito para sazonar el momento de relax en el cual ya nada hacia falta antes de vivir dos horas en otra realidad, viviendo otras vidas y otras sensaciones a través de la pequeña pantalla de la tele. Para esa noche habíamos elegido “Abre los ojos”, aunque a decir verdad yo era el más entusiasmado para verla ya que el argumento de dicho film me había llamado mucho la atención, esa mezcla de realidad y fantasía, esa sensación de no saber si lo que nos ha ocurrido o nos está ocurriendo es real o si podemos evitarlo; me parecía una metáfora extraña, perturbadora y a la vez muy cercana de la vida misma. Nos acomodamos en ese sillón a ras del piso que cumplía en su imperfección una perfecta función en su sala, descalzos pese al invierno por la comodidad y ella envuelta en su inseparable manta –al estilo de Lynus en Snoopy- me pidió que trajese el cenicero, un par de puchos y la caja de vino que aun contenía ese rojizo elixir que casi siempre nos acompañaba, apague la luz y…play.
De pronto abrí los ojos ya que había dormitado un poquito al final de la película; -Ya ves, tan emocionado que estabas y te terminas durmiendo- me dijo, yo le juraba que había estado atento todo el tiempo y que solo al final el sueño me había vencido; nos reímos y ella bostezando me dijo: -vamos a dormir, mañana debo levantarme temprano-…-¿a dormir?- le pregunte en tono irónico mientras la abrazaba; entonces nos dirigimos al cuarto comentando la película entre besos y juguetones despojos de ropas, a mi me hacía mucha gracia lo friolenta que era al colmo de tiritar un rato bajo su frazadon al meterse a la cama, yo le decía que no se preocupe que en un santiamén le brindaría el calor necesario. Tras intercambiar apasionantes dosis de cariño nos dimos las buenas noches; ella se volteo y yo cerré los ojos acurrucándome; esbozando una sonrisa al concluir lo que se podría llamar “un buen día”.
Pasaba el tiempo y me percate que no había señal que me indicara que Morfeo me quisiera llevar al mundo de los sueños ,oía la respiración de ella y de vez en cuando esos inevitables sonidos nocturnos: maullidos en el techo, una canción del "Gran Combo de Puerto Rico" a la lejanía que de seguro estaba haciendo bailar a los fiesteros del barrio y estoy casi seguro que de haber un poco menos de ruido en la ciudad incluso oiría el mar que no lo tenia tan lejos, no podía conciliar el sueño pero me sentía bien, no quise siquiera pensarlo, ¿por qué habría de sufrir esos molestos insomnios después de una velada tan agradable? ¿Por qué después de haberla pasado tan bien? no había motivo, pero el tiempo pasaba, miraba al techo mientras los segundos daban sus sesenta pasos convirtiéndose en eternos minutos; planeaba que hacer durante el día, reflexionaba, recordaba cosas, solo me faltaba contar ovejas pero era demasiado. De repente me voltee y aprovechando que ella había cambiado de posición empecé a contemplarla dormir, siempre dejábamos una ventana abierta para que entre algo de luz y esta era la suficiente para poder ver su rostro en la oscuridad, pensaba en "Rallas" y en "Petra": las gatitas, que estoy seguro me estarían haciendo compañía, en especial la pequeña "Rallas" que gustaba de dormir con nosotros y de jugar siempre, lamentablemente ya no estaban con nosotros, y ahí estaba yo cual gato en la oscuridad ensimismado en el simple hecho de ver a mi chica dormir plácidamente, lo cual claro está, me era súper agradable así que ahí me quede, de costado viéndola sin pensar en nada; esperando con paciencia que mis ojos se cierren y el sueño me de la bienvenida.
Abrí mis ojos y ya era de día, ella despertó y me saludo con esa frase que tanta gracia me causaba: “hola camarón con cola”, yo sonreí, me percate que estaba desnudo y me acerque a ella, empecé a besarla y a desnudarla; de pronto ella abrió los ojos bruscamente, yo me aleje sorprendido, su mirada se petrificó cargada de una impresión y de un terror que jamás había visto en sus ojos, sentí mucho frió y no podía moverme, ella empezó a retorcerse como si le diera un ataque, sus brazos y piernas se entumecían y sus dedos parecían ya no resistir la tensión con que se doblaban, sentí mucho miedo y quise ayudarla, preguntarle que le pasaba y de repente abrí los ojos nuevamente, estaba a su lado aun acostado; mientras volvía en mi la vi a ella vestida y dormida, respiré y sentí por un instante un gran alivio pero entre nosotros algo se movía debajo de las sabanas; era su gata que estaba ahí con dos gatitos más y yo no comprendía que pasaba ¿acaso seguía soñando?, esa gata había muerto hacia unos meses, yo mismo la había enterrado en el malecón…otra vez el miedo, la confusión, quise despertarla, hablarle y no podía, mi mandíbula estaba entumecida y la asfixia en mi garganta era insoportable, quería gritar y no podía, sudaba, quería tocarla, pedirle ayuda; los gatos jugueteaban y yo sentía que me hundía en la cama y no podía mover ni mis dedos, temblaba y el miedo era mayor y la desesperación se apoderaba de mi. Por fin pude moverme lentamente como saliendo de un extraño adormecimiento en el abrir de mis ojos, los gatos se habían ido y aún estaba oscuro, no se que hora era y ella entre dormida y despierta me preguntó que pasaba. Yo aún sentía frío y sólo dije: -ha sido un mal sueño, creo…
Gale
2006
Ya con las manos limpias y con el cabello suelto me llevó a su cocina atravesando los cuartos no sin antes servirme una copa mientras me contaba entusiasmada con que delicias iba a engreír mis papilas gustativas esa noche. Yo no podía pedir más, me encanta cocinar y estoy acostumbrado a comer maravillosamente gracias a mi madre; a ella le encantaba cocinar y tenía una sazón “de los dioses”, siempre hablábamos que de no ser artista sería feliz teniendo un restaurante , yo le decía que de hecho la rompería no solo por su buena mano para cocinar sino por su esmerado gusto por atender al comensal que tenia la suerte de caer en su territorio; esa era su forma de engreír, de regalar, hasta de amar diría yo…los aromas empezaban a invadir mis sentidos y yo me relamía apetitoso viendo esa olla humeante de espaguetis con champiñones. Un disco de Caetano Veloso sonaba y estoy loco por ti América era la canción perfecta para un momento perfecto en el que yo estaba loco por comer y loco por ella también.
La noche hasta ese momento seguía su agradable curso, estábamos a punto de cenar, luego refrescaríamos nuestro paladar con una copa de vino, veríamos una película y dormiríamos juntos brindándonos el calor que requeríamos en esa fría noche de invierno. Apagamos la luz y nos pusimos cómodos mientras encendíamos un tronchito para sazonar el momento de relax en el cual ya nada hacia falta antes de vivir dos horas en otra realidad, viviendo otras vidas y otras sensaciones a través de la pequeña pantalla de la tele. Para esa noche habíamos elegido “Abre los ojos”, aunque a decir verdad yo era el más entusiasmado para verla ya que el argumento de dicho film me había llamado mucho la atención, esa mezcla de realidad y fantasía, esa sensación de no saber si lo que nos ha ocurrido o nos está ocurriendo es real o si podemos evitarlo; me parecía una metáfora extraña, perturbadora y a la vez muy cercana de la vida misma. Nos acomodamos en ese sillón a ras del piso que cumplía en su imperfección una perfecta función en su sala, descalzos pese al invierno por la comodidad y ella envuelta en su inseparable manta –al estilo de Lynus en Snoopy- me pidió que trajese el cenicero, un par de puchos y la caja de vino que aun contenía ese rojizo elixir que casi siempre nos acompañaba, apague la luz y…play.
De pronto abrí los ojos ya que había dormitado un poquito al final de la película; -Ya ves, tan emocionado que estabas y te terminas durmiendo- me dijo, yo le juraba que había estado atento todo el tiempo y que solo al final el sueño me había vencido; nos reímos y ella bostezando me dijo: -vamos a dormir, mañana debo levantarme temprano-…-¿a dormir?- le pregunte en tono irónico mientras la abrazaba; entonces nos dirigimos al cuarto comentando la película entre besos y juguetones despojos de ropas, a mi me hacía mucha gracia lo friolenta que era al colmo de tiritar un rato bajo su frazadon al meterse a la cama, yo le decía que no se preocupe que en un santiamén le brindaría el calor necesario. Tras intercambiar apasionantes dosis de cariño nos dimos las buenas noches; ella se volteo y yo cerré los ojos acurrucándome; esbozando una sonrisa al concluir lo que se podría llamar “un buen día”.
Pasaba el tiempo y me percate que no había señal que me indicara que Morfeo me quisiera llevar al mundo de los sueños ,oía la respiración de ella y de vez en cuando esos inevitables sonidos nocturnos: maullidos en el techo, una canción del "Gran Combo de Puerto Rico" a la lejanía que de seguro estaba haciendo bailar a los fiesteros del barrio y estoy casi seguro que de haber un poco menos de ruido en la ciudad incluso oiría el mar que no lo tenia tan lejos, no podía conciliar el sueño pero me sentía bien, no quise siquiera pensarlo, ¿por qué habría de sufrir esos molestos insomnios después de una velada tan agradable? ¿Por qué después de haberla pasado tan bien? no había motivo, pero el tiempo pasaba, miraba al techo mientras los segundos daban sus sesenta pasos convirtiéndose en eternos minutos; planeaba que hacer durante el día, reflexionaba, recordaba cosas, solo me faltaba contar ovejas pero era demasiado. De repente me voltee y aprovechando que ella había cambiado de posición empecé a contemplarla dormir, siempre dejábamos una ventana abierta para que entre algo de luz y esta era la suficiente para poder ver su rostro en la oscuridad, pensaba en "Rallas" y en "Petra": las gatitas, que estoy seguro me estarían haciendo compañía, en especial la pequeña "Rallas" que gustaba de dormir con nosotros y de jugar siempre, lamentablemente ya no estaban con nosotros, y ahí estaba yo cual gato en la oscuridad ensimismado en el simple hecho de ver a mi chica dormir plácidamente, lo cual claro está, me era súper agradable así que ahí me quede, de costado viéndola sin pensar en nada; esperando con paciencia que mis ojos se cierren y el sueño me de la bienvenida.
Abrí mis ojos y ya era de día, ella despertó y me saludo con esa frase que tanta gracia me causaba: “hola camarón con cola”, yo sonreí, me percate que estaba desnudo y me acerque a ella, empecé a besarla y a desnudarla; de pronto ella abrió los ojos bruscamente, yo me aleje sorprendido, su mirada se petrificó cargada de una impresión y de un terror que jamás había visto en sus ojos, sentí mucho frió y no podía moverme, ella empezó a retorcerse como si le diera un ataque, sus brazos y piernas se entumecían y sus dedos parecían ya no resistir la tensión con que se doblaban, sentí mucho miedo y quise ayudarla, preguntarle que le pasaba y de repente abrí los ojos nuevamente, estaba a su lado aun acostado; mientras volvía en mi la vi a ella vestida y dormida, respiré y sentí por un instante un gran alivio pero entre nosotros algo se movía debajo de las sabanas; era su gata que estaba ahí con dos gatitos más y yo no comprendía que pasaba ¿acaso seguía soñando?, esa gata había muerto hacia unos meses, yo mismo la había enterrado en el malecón…otra vez el miedo, la confusión, quise despertarla, hablarle y no podía, mi mandíbula estaba entumecida y la asfixia en mi garganta era insoportable, quería gritar y no podía, sudaba, quería tocarla, pedirle ayuda; los gatos jugueteaban y yo sentía que me hundía en la cama y no podía mover ni mis dedos, temblaba y el miedo era mayor y la desesperación se apoderaba de mi. Por fin pude moverme lentamente como saliendo de un extraño adormecimiento en el abrir de mis ojos, los gatos se habían ido y aún estaba oscuro, no se que hora era y ella entre dormida y despierta me preguntó que pasaba. Yo aún sentía frío y sólo dije: -ha sido un mal sueño, creo…
Gale
2006


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